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Mi camino feminista

Texto escrito por: Lorena Sanabria Triviño

Algunas personas con frecuencia me preguntan: ¿Tú eres de esas feministas que odia a los hombres?….

El feminismo en mi vida no tiene raíz en el odio por ningún ser, por el contrario el movimiento feminista llega a transversalizar mi vida con la idea de construir un mundo en igualdades para todas y todos, un mundo equitativo.

Y no, no odio a los hombres; sin embargo, me incomoda el machismo profundo en los cimientos de nuestra sociedad y me incomoda que las personas desconozcan las brechas de desigualdad que en la actualidad existen y que tienen un peso más grande en la balanza para las mujeres.

También cabe aclarar que el feminismo no es equiparable con el machismo, el feminismo es el ‘principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre’ y el ‘movimiento que lucha por la realización’ de esa igualdad. Por su parte, el machismo se define como ‘actitudes de prepotencia de los varones respecto a las mujeres’ y ‘forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón’. 

El feminismo no es un antónimo del machismo, y ésta ha sido una confusión profunda en países hispanoparlantes. El machismo (también se le conoce como sexismo en otros países) es un síntoma del sistema patriarcal se refiere a un conjunto de actitudes, prácticas y conductas que sostienen la superioridad del hombre sobre la mujer, es también la mayor causa de la violencia de género. El feminismo es un movimiento social. 

Esta construcción personal reconoce la lucha de las mujeres por sus derechos (derechos que nos pertenecen de nacimiento pero que perdemos por ser mujeres), no pedimos más derechos, pedimos que se cumplan los que –en teoría– tenemos . En este orden de ideas, mi feminismo reconoce la lucha histórica de las mujeres por la reivindicación de nuestros derechos, y todos los días trabaja para desmitificar la idea de que ser feminista es pensar que las mujeres merecemos derechos especiales; es más bien que sabemos que merecemos los mismos, y que defender la igualdad no implica menospreciar o castigar a los hombres. El feminismo no habla de superioridad ni discrimina al otro género, simplemente combate las desigualdades que sufren las mujeres por el hecho de serlo. 

Alguna vez nos hemos cuestionado ¿por qué las mujeres no podían votar? ¿Por qué las mujeres no podían poseer propiedad y cómo eso ha derivado en las enormes desigualdades y violencias económicas actuales?  ¿Po qué no podían estudiar, o por qué se ligó la crianza y la familia con las mujeres? Si estos son derechos del ser humano, ¿por qué las mujeres  tenemos que exigirlos por medio de la resistencia y la protesta?

Hemos normalizado roles en una sociedad machista que delegó el cuidado, la feminidad y un papel de inferioridad a las mujeres, pero que por otro también le ha quitado a los hombres el derecho a sentir, de expresarse libremente, o de ser sensibles y es este machismo el que le dijo a miles de niños que los hombres no lloran y que el rosado es de niñas. 

También con frecuencia me dicen: «A los hombres también nos violentan»… No lo dudo, los hombres también son víctimas de la cultura machista, y hay mujeres agresoras, por eso hay que dar la reflexión, para cuestionarnos y reconocernos. Sin embargo, me pregunto: ¿cuántos hombres al salir de sus casas sienten miedo de que alguien se acerque a irrumpir  su espacio íntimo y vulnerar sus cuerpos? ¿O cuántos hombres salen pensando que el pantalón está muy apretado o su camisa muy transparente? ¿O a cuántos los tildan de locos, tóxicos o exagerados cuando expresan sus emociones? Entonces, si se puede repensar lo vulnerables que somos por la forma en la que se conciben nuestros cuerpos. Y tenemos la responsabilidad de educarnos y trabajar desde nuestra individualidad para acabar con los estereotipos que afligen nuestra sociedad, especialmente quienes asumimos la responsabilidad de formar.

Desde la pedagogía del amor nos reconocemos como seres únicos y diversos, en esta diversidad abrazo a las mujeres, jóvenes y niñas que se identifican con esta lucha y en la adversidad continúan el camino de la reivindicación de nuestros derechos sin excluir ni violentar otras maneras de pensar (sin permitir que estás formas sean violentas para nosotras).


También cabe mencionar que el término Feminazi es usado de manera peyorativa para quienes transitamos por el camino feminista, y que un movimiento que lucha por la igualdad de los derechos de nuestros seres y nuestros cuerpos no se puede comparar con los hechos del holocausto que asesinó a millones de personas.

Para finalizar y responder mi cuestionamiento inicial, el feminismo no está hecho desde el odio y no podemos generalizar que las feministas y el movimiento odia a los hombres  (además porque existen diversos feminismos y no hay una única forma de serlo). Entonces cuando me hacen la pregunta con la que inicié este escrito, además de no encontrar relación, yo me pregunto: ¿Cuándo, como sociedad, nos incomodaría más el feminicidio que las feministas? 🤔🤔🤔

No, no somos  feminazis somos Femi- nací.

¡Sin nosotras nunca más!

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