En face abordamos los asuntos de este lenguaje desde varios puntos de vista, en esta ocasión el cuerpo deja de ser un elemento secundario y se convierte en un territorio fundamental para el aprendizaje, la expresión y el desarrollo personal. Desde el área Corporal y Postural, que integra actividades propias de la cultura física, los deportes y la dramaturgia (el teatro, la danza la mímica etc) se reconoce que el movimiento no solo fortalece capacidades físicas, sino que también es una vía directa para la regulación emocional en niños, niñas y adolescentes.
Por: Santiago Lozano, maestro de Corporal
El cuerpo es el primer medio de comunicación. Antes de que exista la palabra, ya hay gestos, posturas, tensiones, ritmos y silencios que expresan estados emocionales. Por esta razón, las experiencias corporales que se plantean buscan generar espacios seguros donde los estudiantes puedan reconocer lo que sienten, darle forma a través del movimiento y aprender a gestionarlo de manera consciente.
Cultura física: conciencia corporal y autorregulación
Las actividades propias de la educación física, entendidas desde una mirada alternativa, van más allá del rendimiento o la competencia. En el lenguaje Corporal y Postural, el énfasis está puesto en el reconocimiento del cuerpo, la respiración, el esfuerzo y el descanso. A través del juego, las rutinas de movimiento y los desafíos motrices, los estudiantes aprenden a identificar cómo responde su cuerpo ante la frustración, la alegría, el cansancio o la euforia.
Este reconocimiento favorece el desarrollo de la autorregulación, ya que los niños, niñas y adolescentes comienzan a comprender cuándo necesitan moverse más, cuándo bajar la intensidad o cuándo hacer una pausa. De esta manera, el ejercicio se convierte en una herramienta para canalizar emociones, reducir tensiones y construir una relación más equilibrada con su propio cuerpo.

Teatro: expresión emocional y construcción de identidad
El teatro ofrece un espacio privilegiado para la exploración emocional. A través del juego dramático, la improvisación y la creación de personajes, los estudiantes pueden expresar emociones que muchas veces resultan difíciles de verbalizar. En escena, el cuerpo se transforma en un medio para ensayar otras formas de ser, sentir y relacionarse.
Desde esta práctica, se fortalece la empatía, ya que, al representar diferentes situaciones y emociones, los estudiantes amplían su comprensión del mundo emocional propio y ajeno. El teatro permite nombrar el miedo, la tristeza, la rabia o la alegría desde la acción, favoreciendo procesos de reconocimiento emocional y validación de lo que se siente.
Danza: ritmo, emoción y conexión interna
La danza, por su parte, conecta de manera directa el movimiento con la emoción. El trabajo con el ritmo, el espacio y la fluidez corporal invita a los estudiantes a habitar su cuerpo con mayor sensibilidad. A través de la danza, se promueve la escucha interna, la coordinación y la conexión entre mente y cuerpo.
Esta práctica resulta especialmente significativa para la regulación emocional, ya que permite liberar tensiones acumuladas y experimentar el movimiento como una forma de bienestar. La danza no busca una ejecución perfecta, sino una expresión auténtica, donde cada cuerpo encuentra su propio lenguaje y ritmo.
Un enfoque integral para el desarrollo personal
Desde el área Corporal y Postural, se entiende que la regulación emocional no se enseña únicamente desde la palabra, sino que se construye desde la experiencia. Al integrar educación física, teatro y danza, se ofrece a los estudiantes un enfoque integral que reconoce al cuerpo como un aliado en los procesos de aprendizaje y crecimiento personal.
Estas experiencias corporales fortalecen la autonomía, la confianza y la capacidad de los estudiantes para comprender y gestionar sus emociones en distintos contextos de la vida cotidiana. Así, el movimiento se convierte en una herramienta pedagógica que acompaña el desarrollo emocional y social, coherente con los principios de una educación alternativa centrada en la persona.
En este sentido, el trabajo corporal no solo forma cuerpos más conscientes, sino también seres humanos más conectados consigo mismos y con los demás.







