Cuando el cielo se llena de colores
Hay días que esperamos con especial ilusión, y uno de ellos es, sin duda, nuestro Día del Viento. Un día para mirar al cielo, sentir el viento en el rostro y dejar que una cometa vuele tan alto como nuestra imaginación.
El pasado 28 de agosto, en FACE celebramos esta experiencia que, más que una actividad, se convierte en una oportunidad para compartir, crear y disfrutar en comunidad. Las cometas fueron la excusa perfecta para encontrarnos con nuestras familias, compartir con los amigos y permitirnos vivir el aprendizaje de una manera diferente: al aire libre, entre colores, risas, viento y muchas historias por contar.
Yenni Olaya, Maestra de inglés
Pero… ¿alguna vez nos hemos preguntado de dónde viene esta tradición?
Un viaje que comenzó hace más de 2.000 años
Aunque para nosotros agosto y las cometas parecen ir de la mano, esta tradición tiene una historia que se remonta a China, hace más de 2.000 años.
En sus comienzos, las cometas no eran utilizadas únicamente para jugar. Tuvieron diferentes propósitos: fueron empleadas en actividades militares, para medir distancias y también estuvieron presentes en ceremonias relacionadas con la buena suerte y las enfermedades. Con el paso del tiempo, fueron transformándose hasta convertirse en objetos de diversión, creatividad y expresión cultural.
En China se conocen como fēngzhēng, un nombre relacionado con el viento y con los sonidos que producían los pequeños silbatos de bambú que algunas cometas llevaban incorporados. Con el paso de los siglos, estas creaciones viajaron hacia Europa y posteriormente se extendieron por diferentes lugares del mundo.
En Agosto, el viento es tradición en Colombia
Hoy, volar cometas es una tradición que encontramos en distintos países y que ha adquirido significados particulares en cada cultura. En Colombia, el mes de agosto se convierte en una época especial para esta actividad, gracias a los fuertes vientos que suelen acompañarnos.
Parques, montañas y espacios abiertos se llenan de familias, amigos y comunidades que se reúnen para construir, elevar y disfrutar de cometas de todos los tamaños, formas y colores.
En FACE creemos que el aprendizaje no ocurre únicamente dentro de un aula. También aprendemos cuando construimos juntos, cuando experimentamos, cuando nos hacemos preguntas, cuando compartimos con otros y cuando nos permitimos disfrutar de aquello que hacemos.
Por eso, nuestro Día del Viento es también una oportunidad para recordar que una cometa necesita del viento para elevarse, pero también necesita de alguien que la construya, la cuide y se atreva a soltarla.
Este 28 de agosto, el cielo de FACE se llenó de colores, pero también de encuentros, sonrisas, juegos y momentos compartidos.
Porque al final, el Día del Viento no se trata solamente de elevar una cometa; se trata de elevar juntos la alegría de encontrarnos y aprender en comunidad.








