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IMITACIÓN CULTURAL

Los fenómenos migratorios que se dieron durante y después de la independencia de colonias en Latinoamérica, marcaron rutas de difusión en las diferentes tradiciones culturales que se gestaban en la Indias Occidentales del siglo XIX. Algunos procesos más complejos que otros, sentaron posiciones radicales, permitiendo la apropiación de dichas culturas en territorios extranjeros. En Colombia, diversos intereses llevaron a la tradición musical existente a finales del siglo XIX y principios del XX, a mezclarse con tradiciones foráneas, para la construcción de una identidad musical acorde con el desarrollo de una urbe y supuesta metrópolis latinoamericana. Este breve artículo muestra aspectos importantes de la transformación de nuestra identidad cultural y de cómo esta, permitió reconocer y apropiar culturas foráneas en nuestro país.

Felipe López, Maestro de música

Música Nacional “Bambuco”

A finales del siglo XIX, el estado afirma que el género musical Bambuco sería la nueva Música Nacional, sin embargo, este nuevo orden relegaría el origen campesino de esta y otras expresiones musicales, siendo consideradas como tradiciones populares que no encajaban con los intereses que iban a definir el rumbo cultural de nuestro país. El trabajo de los compositores más reconocidos de la época fue enmarcar estas tradiciones dentro de una imitación de modelos culturales foráneos, relegando aún más el origen de nuestras tradiciones. Se puede decir que nuestra “Música Nacional” era una mixtura de la música campesina con música del Romanticismo; la imitación de estos modelos comenzaba a definir en parte, nuestro rumbo cultural.

Danzas campesinas

La música campesina de la región andina colombiana, a finales del siglo XIX (como en la actualidad) estuvo ligada a la danza, no obstante, en Colombia, estas danzas campesinas fueron remplazadas por bailes de salón, a los que se les dio un estatus dentro de la alta sociedad, restando importancia y significado a los bailes campesinos y por consiguiente a una tradición musical propia de algunas regiones del país. Esta nueva “tradición” musical viajó por el mundo a principios del siglo XX, logrando cierta visibilización en otros territorios, pero tal vez carente de una base sólida que expresara el verdadero sentir de una nación en formación.

¿Tradición propia?

Teniendo en cuenta los esfuerzos anteriores por desestimar las tradiciones populares de nuestro territorio, se puede afirmar que este fenómeno da inicio a una imitación cultural que, a través de las décadas, pone en la sombra; especialmente en las urbes, a nuestras tradiciones propias en algunos casos, en otros, homogenizando la diversidad cultural de nuestro país, dando paso a generaciones menos conscientes de éstas y más conscientes de tradiciones foráneas; incluso éstas, han sido incrustadas en nuestros sistemas educativos, volviéndose parte de nuestra identidad cultural. 

En la actualidad desde f a c e, es necesario visibilizar nuestras tradiciones y la historia alrededor de éstas, generando arraigo por nuestro territorio e idiosincrasias, mostrando a estudiantes la importancia de saber de dónde venimos y así, que sus mentes y nuestras tradiciones viajen y realmente muestren quienes somos.


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