Cuando los participantes dejan de ser consumidores de tecnología y se convierten en sus intérpretes críticos, la educación cumple su propósito más profundo. Eso es exactamente lo que ocurrió este bimestre en el Colegio FACE.
Nestor Franco, maestro del lenguaje de sistemas
Durante este segundo bimestre, los participantes de tres etapas del proceso formativo del Colegio FACE —¿Hacia dónde voy?, ¿Dónde estoy? y ¿De dónde vengo?— tomaron la palabra y la pantalla para explorar uno de los territorios más urgentes de nuestra época: la relación entre la tecnología, el conocimiento y la vida en comunidad. A través de dirigidos elaborados en el lenguaje de sistemas, cada grupo abordó temáticas que tocan de cerca la cotidianidad juvenil, desde la protección de datos personales hasta la influencia de los videojuegos en las formas de socializar.
Los temas elegidos no fueron aleatorios. Responden a preguntas que los propios participantes se hacen: ¿quién soy en internet?, ¿qué pasa con mi información?, ¿por qué Minecraft no es solo un juego? Desde el enfoque de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS), estas inquietudes nacen del interior de cada persona y se convierten en punto de partida para un análisis más profundo, que conecta lo técnico con lo humano, lo individual con lo colectivo, el aula con la vida.
Los dirigidos presentados abordaron tres grandes ejes: la seguridad informática, entendida como el cuidado consciente de los datos y la privacidad en entornos digitales; la identidad digital y real, explorando las tensiones entre quiénes somos en línea y quiénes somos en la vida cotidiana; y la influencia de Minecraft en la sociedad juvenil, analizando cómo un videojuego puede modelar formas de colaborar, crear e imaginar en comunidad.
Cada uno de estos dirigidos fue construido con rigor y creatividad, empleando el lenguaje propio de los sistemas informáticos como herramienta expresiva. Así, los participantes del Colegio FACE no solo aprendieron sobre tecnología: la usaron para pensar, para preguntar, para proponer. Porque aquí el saber no se entrega desde afuera —se descubre desde adentro, a través del diálogo, la pregunta y la indagación genuina.
El ejercicio fue recibido con entusiasmo dentro de la comunidad del Colegio FACE. Más allá de los aprendizajes técnicos, lo que se hizo visible fue la capacidad de los participantes para tejer saberes, para encontrar el hilo que une lo que ocurre en una pantalla con lo que ocurre en la calle, en el barrio, en el cuerpo, en la propia historia de vida. Aprender, aquí, no tiene compartimentos.
Un resultado inesperado —aunque, bien pensado, completamente natural— fue el efecto inspirador sobre otros compañeros y compañeras. Al ver los dirigidos presentados, varios participantes de otras etapas manifestaron su deseo de realizar ejercicios similares, adaptados a sus propias preguntas y momentos del proceso formativo. La curiosidad, como siempre, es contagiosa.
En un tiempo en que la tecnología permea cada aspecto de la vida cotidiana, dotar a los jóvenes de herramientas para comprenderla, cuestionarla y apropiarse de ella de manera crítica no es solo una estrategia pedagógica: es una forma de construir ciudadanía. El Colegio FACE, con su apuesta por una educación que pregunta antes de responder, que confía en que cada persona lleva consigo el conocimiento que necesita despertar, y que entiende el aprendizaje como una experiencia completa —de la mente, la emoción y la vida—, sigue demostrando que otro modo de aprender es posible —y necesario.






