Una apuesta pedagógica de f a c e por la autonomía, el autoconocimiento y la formación integral.
BY. G.A.M.M
En un tiempo actual donde la educación suele fragmentarse entre asignaturas, resultados y exigencias externas, en f a c e sostenemos una pregunta esencial: ¿cómo educar para que cada persona logre comprenderse, habitarse y relacionarse conscientemente con el mundo? Esta reflexión da origen a nuestro Proyecto Integrador “Un YO consciente”, una apuesta pedagógica de carácter transversal que, durante un año completo, articulará todos los lenguajes, grupos y etapas del proceso formativo.
Giovanny Marulanda, maestro socionaturales
En el horizonte pedagógico de f a c e, resulta pertinente diferenciar sin fragmentar los conceptos de consciente y conciente como dimensiones interrelacionadas del desarrollo humano. Lo consciente se comprende como la capacidad reflexiva y metacognitiva del sujeto, es decir, su facultad para pensarse, interpretar su experiencia y construir sentido en el proceso de aprendizaje. Esta dimensión se vincula con enfoques contemporáneos que destacan la necesidad de formar sujetos críticos, capaces de integrar conocimiento y conciencia en contextos educativos complejos (Franco, 2024). Por su parte, lo conciente se relaciona con la vivencia inmediata del aprender: la atención plena, la presencia corporal y emocional que sitúa al estudiante en una experiencia significativa y situada. Desde la educación holística actual, esta dimensión es fundamental, pues reconoce que el aprendizaje involucra no solo procesos cognitivos, sino también afectivos y experienciales, configurando una formación integral del ser (Cáceres-Mori et al., 2025; Quevedo Lezama, 2020). En este sentido, la pedagogía contemporánea no las concibe como categorías opuestas, sino como niveles complementarios de la conciencia educativa: mientras lo consciente permite elaborar y comprender, lo conciente posibilita experimentar y habitar el aprendizaje. Esta articulación fortalece una educación orientada no solo al saber, sino al ser, en coherencia con los desafíos formativos del siglo XXI (Véliz & Rojas, 2024).

OpenAI. (2026). Ilustración sobre “consciente” y “conciente” en pedagogía holística [Imagen generada por inteligencia artificial]. ChatGPT (DALL·E).
Más que un proyecto académico, Un YO consciente es una experiencia de formación integral que reconoce al ser humano como una totalidad. Desde una perspectiva holística y mayéutica, comprendemos que el aprendizaje no se reduce a lo cognitivo, sino que involucra dimensiones emocionales, corporales, sociales y éticas. En este sentido, educar implica generar condiciones para que cada estudiante pueda desarrollar autopercepción, sentido crítico y responsabilidad en su forma de estar en el mundo.
Esta mirada encuentra sustento en enfoques contemporáneos que plantean la necesidad de superar la fragmentación del conocimiento, proponiendo procesos educativos integrales donde el aprender se vincula con la vida misma (Monge Piedra, 2025). Así, la ciencia, el arte, la cultura y la tecnología dejan de ser compartimentos aislados para convertirse en medios que potencian la conciencia, la convivencia y la construcción de sentido.
A lo largo del año, el proyecto invitará a cada integrante de f a c e a transitar un proceso de introspección y reconocimiento: pensarse a sí mismo más allá de la inmediatez, cuestionar sus formas de relación y comprender su lugar en la comunidad. Este ejercicio, profundamente mayéutico, no busca imponer respuestas, sino suscitar preguntas que movilicen la reflexión y el autoconocimiento.
En coherencia con este horizonte, una de los propuestas pedagógicos centrales que se implementarán serán los horarios autogestionados, los cuales se desarrollarán todos los días jueves. Este espacio representa una transformación significativa en la manera de comprender el aprendizaje, ya que sitúa al estudiante como agente activo en la toma de decisiones sobre su proceso formativo.
Durante estos espacios, los estudiantes de siete grupos elegirán de manera autónoma entre distintos bloques temáticos, estructurados de la siguiente forma:
- Bloque 1: Artes, laboratorio y matemáticas
- Bloque 2: Corporal e inglés
- Bloque 3: Música, materno, programación/robótica
Esta organización no responde únicamente a una distribución logística, sino a una intencionalidad pedagógica profunda: posibilitar experiencias de aprendizaje donde la autonomía, la exploración y la toma de decisiones se conviertan en ejes fundamentales del desarrollo personal.
La autogestión del tiempo y del aprendizaje favorece la construcción de lo que diversos autores denominan “sujeto aprendiente”, es decir, una persona capaz de asumir de manera consciente y responsable su proceso educativo (Monge Piedra, 2025). Al elegir, priorizar y sostener sus decisiones, los estudiantes no solo adquieren conocimientos, sino que desarrollan habilidades metacognitivas, fortalecen su criterio y construyen una relación más significativa con el saber.
Asimismo, esta dinámica permite integrar distintas dimensiones del ser. Por ejemplo, al transitar entre bloques que combinan lo artístico, lo lógico, lo corporal y lo tecnológico, se rompe la jerarquización tradicional de las áreas del conocimiento, favoreciendo una comprensión más compleja e interrelacionada de la realidad. Este enfoque coincide con propuestas de educación holística que plantean la necesidad de integrar mente, cuerpo y emoción como base del aprendizaje significativo (González Garza, 2017).
Los horarios autogestionados, en este sentido, no son un elemento aislado, sino una estrategia concreta que fortalece el propósito del proyecto Un YO consciente. Al permitir que cada estudiante tome decisiones sobre su proceso, se promueve el autoconocimiento (“¿qué me interesa?”, “¿qué necesito fortalecer?”), la autorregulación y la responsabilidad frente a su propio aprendizaje.
De igual manera, estos espacios potencian la convivencia y la construcción colectiva, ya que las elecciones individuales se dan en un marco comunitario donde es necesario dialogar, respetar y reconocer al otro. Así, la autonomía no se entiende como individualismo, sino como una capacidad que se construye en relación con los demás y con el entorno.
Desde una perspectiva más amplia, este tipo de experiencias pedagógicas responden a la necesidad de formar sujetos capaces de habitar la incertidumbre, tomar decisiones informadas y participar activamente en la sociedad. Tal como señalan diversos enfoques críticos de la educación, el aprendizaje significativo ocurre cuando el estudiante se vincula de manera activa con su proceso y logra encontrar sentido en lo que hace (Acevedo Mena, 2019).
En este marco, Un YO consciente se configura como una invitación permanente a detenerse, observarse y comprenderse. No se trata únicamente de aprender contenidos, sino de aprender a ser, a convivir y a actuar con responsabilidad. Es un proceso que atraviesa la vida cotidiana de f a c e, manifestándose en las relaciones, en las decisiones y en la manera de asumir los retos individuales y colectivos.
Como comunidad educativa, asumimos el compromiso de acompañar este proceso desde la escucha, el respeto y la exigencia amorosa. Creemos que educar es, ante todo, un acto de cuidado y responsabilidad, donde cada experiencia puede convertirse en una oportunidad para el crecimiento personal y colectivo.
En f a c e, educar es acompañar el despertar del ser humano. Y Un YO consciente, junto con la implementación de los horarios autogestionados, es una apuesta concreta por formar personas capaces de habitarse con conciencia, de relacionarse éticamente con los demás y de participar activamente en la construcción de una sociedad más justa y coherente.






