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SEMBRAR PARA EL FUTURO: EL INVERNADERO ESCOLAR DE f a c e FRENTE AL FENÓMENO DE EL NIÑO 2026 EN COLOMBIA

¿Qué podemos aprender de la naturaleza para prepararnos ante los desafíos ambientales? En f a c e, esta pregunta nos invita a reconocer que la educación ambiental no consiste únicamente en conocer los ecosistemas, sino también en comprender nuestra relación con ellos y asumir la responsabilidad de cuidarlos.

Giovanny Marulanda, Maestro de socionaturales

Nuestro invernadero escolar es un espacio de aprendizaje donde el cultivo de plantas se convierte en una oportunidad para desarrollar pensamiento científico, conciencia ambiental y compromiso con la vida, desde una perspectiva holística y mayéutica.

El fenómeno de El Niño: comprender para actuar

El fenómeno de El Niño se origina en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial y modifica los patrones de temperatura y precipitación en distintas regiones del mundo. En Colombia, sus efectos pueden incluir disminución de las lluvias, temperaturas elevadas y mayor presión sobre la disponibilidad de agua, aunque las consecuencias varían según la región (Organización Meteorológica Mundial [OMM], 2026).

El 8 de octubre de 2026, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) confirmó oficialmente la presencia del fenómeno de El Niño en Colombia y señaló una alta probabilidad de que alcance una intensidad fuerte a muy fuerte hasta el primer trimestre de 2027 (IDEAM, 2026).

Ante este escenario, prepararnos implica comprender cómo las condiciones climáticas afectan los cultivos y reconocer la importancia de proteger el agua, conservar el suelo y adoptar prácticas responsables de producción de alimentos.

Nuestro invernadero: aprender a cuidar los cultivos

El invernadero de f a c e permite observar directamente el crecimiento de las plantas y comprender la relación entre el agua, el suelo, la luz, la temperatura y los nutrientes. Estos elementos interactúan constantemente y determinan, en buena medida, las condiciones necesarias para el desarrollo vegetal (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO], 2006).

Frente a los desafíos climáticos, este espacio nos permite trabajar en tres aspectos fundamentales:

  • Uso responsable del agua: ajustar el riego a las necesidades de los cultivos y evitar desperdicios.
  • Cuidado del suelo: reconocer la importancia de la materia orgánica y de las condiciones que favorecen el desarrollo de las raíces.
  • Manejo de las condiciones ambientales: comprender cómo la temperatura, la ventilación y la luz influyen en el crecimiento de las plantas.

Estas prácticas no eliminan los efectos del fenómeno de El Niño, pero permiten desarrollar conocimientos y hábitos que contribuyen a una mejor gestión de los recursos y al cuidado de los cultivos. La FAO (2006) destaca precisamente el valor de los huertos escolares para integrar el aprendizaje práctico con la educación alimentaria y ambiental.

Una mirada holística: comprender que todo está conectado

Desde el holismo, comprendemos que la naturaleza funciona mediante relaciones de interdependencia. El agua, el suelo, las plantas, los animales y las comunidades humanas forman parte de sistemas en los que cada elemento cumple una función.

Por eso, cultivar en nuestro invernadero no significa solamente producir alimentos. También significa comprender de dónde provienen, qué recursos requieren y cómo nuestras decisiones pueden afectar el entorno. La educación ambiental adquiere mayor sentido cuando conecta el conocimiento científico con las prácticas cotidianas y la responsabilidad colectiva (FAO, 2006).

La mayéutica: aprender a través de la observación

La mayéutica nos invita a construir conocimiento mediante preguntas que orientan la reflexión y la investigación. El invernadero ofrece situaciones reales para observar, formular hipótesis y comprender los procesos naturales.

Ante una planta que presenta dificultades para crecer, podemos investigar si recibe suficiente agua, si la temperatura es adecuada o si existen problemas en el suelo o las raíces. De esta manera, los estudiantes desarrollan pensamiento crítico y aprenden a fundamentar sus conclusiones en evidencias.

Esta experiencia también permite comprender que los desafíos ambientales requieren algo más que respuestas inmediatas: necesitan observación, conocimiento y decisiones responsables.

Sembrar hoy para cuidar el mañana

El fenómeno de El Niño nos recuerda la importancia de prepararnos ante la variabilidad climática. En f a c e, nuestro invernadero representa una oportunidad para convertir este desafío en una experiencia educativa que fortalezca el conocimiento científico, el cuidado del agua y la conciencia ambiental.

Cada cultivo nos permite reconocer nuestra dependencia de la naturaleza y comprender que protegerla exige acciones concretas y sostenidas. La educación ambiental comienza cuando dejamos de considerar los recursos naturales como inagotables y asumimos que somos parte de los sistemas que hacen posible la vida.

El fenómeno de El Niño nos recuerda que comprender la naturaleza es también aprender a prepararnos para sus cambios. En f a c e, nuestro invernadero representa una oportunidad para transformar los desafíos ambientales en experiencias de aprendizaje, donde el cuidado del agua, la conservación del suelo y el cultivo responsable de las plantas se convierten en acciones concretas para proteger la vida. Educar ambientalmente significa comprender que nuestras decisiones cotidianas tienen consecuencias y que el bienestar de las comunidades está estrechamente relacionado con el equilibrio de los ecosistemas.

Desde el holismo y la mayéutica, sembrar es mucho más que cultivar: es observar, cuestionar, comprender y actuar. Cada planta nos invita a reconocer nuestra interdependencia con la naturaleza y nuestra responsabilidad frente al futuro. Por eso, nuestro invernadero y la huerta  no solo son espacios para aprender sobre los cultivos, sino también para formar personas capaces de pensar críticamente, cuidar su entorno y participar en la construcción de una sociedad más consciente, responsable y sostenible.

Nuestro invernadero no solo cultiva plantas: también cultiva conocimiento, conciencia y responsabilidad con el futuro.