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SentiHuellas: aprender a sentir también es aprender a crecer.

En SentiHuellas hemos descubierto que sentir es una parte muy importante de crecer. A través de cada juego, cada historia, cada abrazo y cada momento compartido, nuestros niños y niñas de 2 y 3 años han comenzado a acercarse a ese maravilloso mundo de las emociones. A esta edad, todo se siente con mucha intensidad. Hay días llenos de risas, momentos en los que queremos correr, jugar y abrazar a todos, pero también aparecen el llanto, el enojo, el miedo o la tristeza. Y para nosotros, cada una de esas emociones tiene un lugar.

Luisa Vera, Maestra de Primera infancia

No queremos enseñarles a dejar de sentir. Al contrario, queremos acompañarlos para que poco a poco puedan reconocer lo que pasa dentro de ellos, expresarlo y descubrir qué les puede ayudar cuando una emoción se hace muy grande. Porque cada emoción nos cuenta algo. Para un adulto puede ser sencillo decir “estoy triste” o “estoy enojado”, pero para un niño de dos o tres años esto es todo un descubrimiento. Por eso, hemos buscado acercarnos a las emociones de una manera sencilla, cercana y, sobre todo, desde el juego. A través de cuentos, canciones, movimientos, gestos y diferentes experiencias, hemos comenzado a ponerle nombre a aquello que muchas veces aparece primero en nuestro cuerpo.

A veces una emoción se muestra en una sonrisa; otras veces llega en forma de lágrimas. Puede aparecer en un abrazo fuerte, en un pequeño grito, en querer estar solos o en buscar rápidamente a nuestra profesora. Cada una de estas formas de expresarnos merece ser escuchada. Cuando decimos “veo que estás triste” o “te enojaste porque querías seguir jugando”, no estamos intentando cambiar lo que sienten. Estamos ayudándolos a comprender que aquello que pasa dentro de ellos tiene un nombre y que está bien sentirlo.

Uno de los aprendizajes más bonitos que estamos construyendo en SentiHuellas es comprender que regular una emoción no significa hacerla desaparecer. Si estamos tristes, podemos llorar; si estamos enojados, podemos sentir ese enojo; si algo nos da miedo, podemos expresarlo y buscar a alguien que nos haga sentir seguros. Lo importante es ir descubriendo, poco a poco, qué podemos hacer con aquello que sentimos. A los 2 y 3 años nuestros niños todavía necesitan mucho de nosotros para lograrlo. Necesitan una mirada tranquila, una voz que los acompañe, un abrazo cuando lo deseen, un espacio para respirar o simplemente la seguridad de saber que alguien está allí. Y eso también es aprender: aprender que nuestras emociones pueden ser grandes, pero que no tenemos que atravesarlas solos.

Nuestro cuerpo también nos ayuda en este camino. Cuando una emoción llega con mucha fuerza, el cuerpo nos habla, y por eso hemos querido explorar diferentes maneras de volver poco a poco a la calma: respirar, movernos, bailar, abrazar, descansar, escuchar un cuento, cambiar de espacio, jugar o simplemente quedarnos un momento tranquilos. No existe una única manera de sentirnos mejor. Cada niño es diferente y cada uno va descubriendo, a su propio ritmo, aquello que le ayuda. A veces necesitamos un abrazo, otras veces necesitamos movernos, guardar un momento de silencio o simplemente tener cerca a alguien que nos acompañe hasta que esa emoción se haga un poquito más pequeña.

Las emociones tampoco se quedan solamente en las palabras. Las exploramos a través del juego, los cuentos, los colores, la música, el movimiento y cada experiencia que nos permite descubrir algo nuevo. Porque los niños aprenden cuando pueden tocar, mirar, experimentar, imaginar y jugar. Cada propuesta de SentiHuellas se convierte así en una oportunidad para preguntarnos, desde nuestras propias posibilidades: ¿cómo me siento?, ¿qué está pasando dentro de mí?, ¿qué puedo hacer cuando estoy triste, enojado o asustado? Y aunque algunas veces la respuesta sea apenas un gesto, una mirada, una palabra o un abrazo, sabemos que allí también hay un gran aprendizaje.

Acompañar a nuestros niños en este camino nos recuerda que crecer no significa estar siempre felices, tranquilos o en calma. Crecer también significa descubrir que podemos sentir muchas cosas diferentes y que todas hacen parte de nosotros. Tal vez una pequeña huella sea aprender a decir “triste”. Tal vez sea buscar un abrazo cuando algo nos preocupa, respirar después de un momento difícil o volver a jugar después de haber llorado. Son pequeños momentos que, vistos desde afuera, pueden parecer sencillos, pero para ellos significan grandes pasos.

En SentiHuellas queremos que nuestros niños sepan que sus emociones son importantes, que pueden expresarlas y que siempre habrá alguien dispuesto a escucharlos y acompañarlos. Y mientras ellos aprenden a reconocer lo que sienten, nosotros también aprendemos con ellos: aprendemos a mirar con más paciencia, a escuchar con más atención y a entender que detrás de cada lágrima, cada risa, cada abrazo y cada enojo hay un pequeño ser humano descubriendo el mundo y descubriéndose a sí mismo.

Porque eso es SentiHuellas: un espacio para sentir, explorar, descubrir y crecer juntos. Y, sobre todo, un espacio donde cada emoción puede ser recibida con amor.